Si cecus ducat qui videt, facit alium sternere secum
Publicado el 16/10/2009 por Antonio España – opinión | 5 comentarios »
El debate sobre el sostenimiento de la I+D+i por parte del estado está de actualidad tras la presentación del borrador de Presupuestos Generales del Estado para el año 2010 que, en su confección presente suponen un recorte del 15% para el departamento que supuestamente vela por esta actividad en España.
Ante el mencionado anuncio no son pocos quienes, alarmados, se han movilizado en defensa de la Ciencia -aunque sería más correcto decir a favor de las subvenciones y subsidios a los investigadores e instituciones científicas-, oponiéndose vehementemente y, en mi opinión, sin un mínimo análisis crítico o al menos una reflexión previa, dado que los argumentos se reducen a presentar el recorte como dañino para la I+D+i del país, al ser “asfixiada por la falta de recursos”. Dando por sentado que el estado es el único que puede aportar fondos al desarrollo de la Ciencia (por cierto, me choca que el citado blogger es profesor en una institución académica privada creada y sostenida, creo, como una iniciativa empresarial).
Me he tomado la molestia de leer unos cuantos posts reivindicativos, con un especial interés en aquellos más renombrados y “creadores de opinión”, como el ejemplo mencionado -o lo que viene a ser lo mismo, las primeras posiciones que aparecen en Google. En todos ellos (por ejemplo, aquí, aquí o aquí) he encontrado el mismo vacío de argumentos y la falta de análisis -claro que hay que reconocer que las motivaciones del gobierno al recorte no dan para mucho análisis. Otra cosa sería que se lo hubieran planteado seriamente y con conocimiento de causa en lugar de la medida atolondrada e improvisada que aparentemente es. Lo más serio que he visto a favor de la iniciativa ha sido la entrada de Multimaniaco, con quien ya había debatido al respecto en Twitter (y que, por cierto César, tú mismo das un ejemplo de una gran corporación privada financiando investigación básica, muy descaminado no andaremos
).
Por ello, en este contexto, es relevante y clarificador este artículo que escribió Murray N. Rothbard en 1959.
Y es que sin duda, la financiación, o lo que es lo mismo, la asignación de recursos a la I+D+i (donde englobamos ciencia, tecnología e innovación) es, como señala Rothbard, un subconjunto del problema más amplio y cuestión económica clave: la asignación de recursos en general.
Porque si miramos de manera estrecha a la cuestión de la financiación de la I+D+i, ¿quién podría estar en desacuerdo con la idea de que mejor cuanto más dinero para la ciencia? El problema, sin embargo, surge cuando alejamos el zoom y abrimos la perspectiva: resulta que hay otras muchas actividades que demandan recursos y que son tan necesarias o más como la propia ciencia, porque
…if there are to be more scientists, or more scientific research, then there must be less people and less resources available for producing all the other goods and services of the economy.
Por tanto, habría que discernir cuánto hemos de desviar de la producción de otros bienes para dedicarlo al “impulso” del I+D+i. Y, una vez decidida la cantidad, hay que resolver aún otro problema más: escoger entre qué iniciativas y programas de investigación repartimos ese montante que hemos separado para dedicarlo a la ciencia y la tecnología.
A ambos interrogantes Rothbard plantea que, como en el cualquier otra esfera de la economía, la solución más eficiente en términos dinámicos al problema de asignación de recursos -inter- e intrasectorial- consiste en dejarlo a la creatividad empresarial desarrollada en un mercado libre, que tiene la virtud de asegurar la mejor asignación de recursos y de hacerlo, además, coordinadamente, gracias a las señales que a través de los precios se transmiten a consumidores, trabajadores, inversores y empresarios.
Uno de los problemas a los que Rothbard dedica bastante espacio, y que está relacionado con esto último, es la aparente falta de científicos de la que adolece la economía norteamericana de la época. Su tesis es que dicha escasez no es real, tal y como se refleja en el bajo nivel de los salarios en comparación a otras profesiones:
…there can no be lasting shortage of any ocupation on the free market, for if there is a shortage, it will be quickly revealed in higher salaries, and these salaries will do all that is humanly posssible to alleviate the shortage rapidly by attracting new people into the field (and bringing back those who left the field)
A lo que cabría añadir para el caso español de actualidad: trayendo a casa aquellos que no dejaron el campo de la investigación pero sí el país, y alternativamente o también a la vez, trayendo de fuera aquellos que disfruten de salarios más bajos en su país de origen.
En relación con la supuesta escasez de personal científico, subyace una idea en el discurso de Rothbard: ésta es que el que el gobierno disfrute del monopolio de la defensa de iure y del monopolio de la investigación básica de facto -en España por el carácter público de las universidades-, no implica que pueda imponer sus condiciones a la hora de fijar los salarios, de la misma manera que ningún monopolio de demanda no provoca situaciones diferentes a las que surgirían si tal demanda no estuviera monopolizada, como ya indicó Mises cuando hablaba de los precios de monopolio en su Acción Humana.
Por lo tanto, si bien toda la ciencia básica se hace a expensas del erario público -dado que la militar es privativa del estado y para la civil, la fiscalidad le deja poco margen a las instituciones privadas-, y el estado se convierte en el único empleador de personal dedicado a hacer ciencia, no por ello se deja de competir con otras ocupaciones del ámbito privado a la hora de captar el talento disponible dentro y fuera de las fronteras. Así, los perfiles más cualificados y de mayor ambición, se dedican a profesiones más lucrativas, o bien emigran a otros países donde el trabajo científico está mejor pagado.
Al tema salarial en cualquier caso, habría que añadirle otras inconveniencias características del entorno público: ausencia de meritocracia como criterio de progresión profesional, jerarquías, sobrecarga de burocracia y reglamentaciones, falta de libertad a la hora de escoger los temas de investigación y exploración, etc.
Por otro lado, uno de los argumentos más comunes, que ya señalaba Rothbard en 1959 pero que son de plena vigencia en el mundo predominantemente intervencionista de hoy en día, es que la investigación científica, “left to the mercies of the free market, would be insufficient for modern techonological needs”.
En efecto, hoy en día se escuchan y leen argumentos similares, como por ejemplo, que la investigación supone esfuerzos a largo plazo y con alto riesgo mientras que la empresa toma decisiones más a corto plazo, no viniendo mal, por lo tanto, el impulso estatal para corregirlo. Así, se argumenta, de no ser por los esfuerzos públicos, nunca se construirían radiotelescopios o aceleradores de partículas para la investigación de los físicos.
Al escuchar o leer este último argumento, no puedo evitar pensar en el Gran Colisionador de Hadrones (más conocido por sus siglas en inglés, HLC), diseñado para reproducir las condiciones del Big Bang y financiado por el CERN, organización pluriestatal compuesta por 20 países europeos. La construcción del HLC se aprobó en 1995 y ha entrado en funcionamiento en agosto de 2008, aunque con diversos problemas técnicos y averías que han impedido que puedan realizarse los experimentos previstos. La construcción del mismo ha sufrido un sobrecoste de 450 millones de euros frente a los 1.700 inicialmente previstos. Es evidente que un proyecto así, sólo puede ponerse en marcha con dinero público, que es bien conocido que no es de nadie y, por lo tanto, nadie puede reclamar.
Pues bien, resulta ciertamente sencillo de argumentar que el estado no sólo no corrige e impulsa sino que interviene y distorsiona. Porque aparte de los efectos negativos de cualquier subsidio, el control del gobierno
would tragically bureaucratize science and cripple that spirit of free inquiry on which all scientific advance mus rest. (…) For government control means that rigid lines would be set for research; and these lines can not meet changing requirements.
Así, se hace ciertamente difícil de imaginar que un burócrata, por formado que esté, sea capaz de discernir (con criterios científicos) dónde mejor poner el dinero del contribuyente, tratándose de una actividad en la que, si la acción humana por definición se enfrenta a la incertidumbre de un futuro desconocido, en el terreno de la investigación, la indeterminación sobre los resultados que arrojará la investigación, es más inconmensurable aún si cabe: uno sabe cuándo y dónde empieza, pero desconoce cuándo y dónde llegará, e incluso si llegará algún día a alguna conclusión que merezca la pena. Como indica Rothbard, “the essential feature of innovation is that the path to it is not known beforehand”, algo que casa mal con la burocracia, inventada precisamente para aportar predictabilidad.
Aunque asumamos que la investigación y la ciencia son positivas per se para el progreso de la sociedad -que lo son en términos generales, aunque no necesariamente la ciencia siempre avance linealmente-, no hay manera humana de identificar a priori los proyectos de I+D+i que van a representar un mayor avance sobre el resto. Ni siquiera sabemos qué proyectos van a surgir en el futuro y si serán potencialmente más fructíferos que aquellos en los que ya hemos comprometido nuestros recursos.
En este sentido, el funcionario de turno, buscando precisamente la predictabilidad mencionada, se verá limitado a utilizar criterios basados en hechos pasados demostrables, como puede ser el historial de ayudas concedidas previamente al investigador, el grado de autoridad en la materia a investigar -por el número de publicaciones-, etc., y sin duda descartaría a quienes Rothbard califica como las mentes verdaderamente originales. A modo de ejemplo, Murray N. Rothbard recuerda que los inventores de Kodachrome eran músicos, que Eastman, el gran inventor en la fotografía, era contable y otros casos similares. Hoy podríamos añadir, por ejemplo el caso de Sergey Brin y Larry Page, que con 23 y 24 años respectivamente y siendo estudiantes de doctorado, inventaron el potente algoritmo de búsqueda que hoy es Google.
Me decía César que aunque la financiación pública en I+D+i sea ineficiente, mejor es ese gasto que nada. Y yo le devuelvo la pelota con la siguiente reflexión: ¿cuántos proyectos están dejando se salir porque los recursos que podrían financiarlos privadamente se desvían a estos macroproyectos que salen más caros de lo que son y que nadie sabe si tendrán un avance siquiera similar al de aquellos que dejar de hacerse?
Además, se hace complicado ver el encaje que tiene en un rígido esquema burocrático todos esos fenómenos que se producen por sorpresa sin ser buscados deliberadamente y para los que el Prof. Huerta de Soto toma prestado del inglés el término serendipidad. Rothbard cita como ejemplos de descubrimiento no buscados a propósito, entre otros, el terileno, más conocido por su nombre comercial, Tergal, o el tratamiento para el cáncer de próstata. Un ejemplo de más actualidad y muy conocido sería el de las notas adhesivas Post Its, inventadas a partir de un superpegamento que no pegaba.
En todo caso, hasta ahora hemos contemplado criterios que, al menos intencionalmente, están directamente conectados con el fin perseguido: el aumento del conocimiento científico o la invención de nuevas técnicas. Pero no hay que olvidar la advertencia de Rothbard cuando se refiere a la ciencia soviética -que estaba de moda en la época gracias al Sputnik- y que es aplicable a cualquier tipo de intervención, incluso en las democracias occidentales:
Governmet control of science, government planning of science, is bound to result in the politicization of science, the substitute of political goals and political criteria for scientific ones.
Así, puede ocurrir que ante la decisión, por ejemplo, de dónde ubicar un gran radiotelescopio financiado con fondos europeos -es decir, pagado con los impuestos de los ciudadanos de la UE- los diferentes comités se vean influenciados por criterios no específicamente científicos como el balance de votos de los diferentes estados miembro, la aritmética parlamentaria, el juego cruzado de favores -yo hoy te apoyo en esto si mañana me das tus votos para aquello otro-, etc.
Por otro lado, surge la cuestión de los grandes proyectos que requieren de ingentes cantidades de inversión únicamente abordables por los estados nacionales o incluso organismos supranacionales, como el mencionado del HLC. Ante esta observación, Rothbard ofrece un relatorio de ejemplos de grandes avances técnicos y científicos del siglo XX, incluido el campo de la energía nuclear, que han sido llevado a cabo bien por “personas independientes, siguiendo sus propias directrices y con recursos muy limitados”, o bien por pequeños grupos de investigadores y científicos dentro de organizaciones -privadas- más grandes.
Además, habría que cuestionar la necesidad real de tamaños proyectos pues, ¿realmente la sociedad en su conjunto está mejor después de tener un acelerador de partículas de alta energía o un gran radiotelescopio? O, como dice Rothbard de la carrera espacial (las negritas son mías):
It may seen exciting to engage in space exploration, but it is also enormous expensive, and wasteful of resources that could go into needed products to advance life on this earth. To the extent that voluntary funds are used in such endeavors, all well and good; but to tax private funds to engage in such ventures would be just another giant government boondoggle.
Y, en cualquier caso, aunque de dicho macroproyecto pudieran resultar descubrimientos que cambiaran el mundo, eliminaran sufrimientos y mejoraran la calidad de vida de la población, si un ciudadano no quisiera colaborar en el mismo por tener expectativas más pesimistas o, simplemente, por tener otro fin más inmediato y más valorado en el que emplear su efectivo, ¿cómo se justifica la acción coactiva del estado al apropiarse de esos medios forzándole a perseguir unos fines distintos?
La pregunta que se plantea Rothbard finalmente es: ¿qué papel le queda al gobierno para impulsar la I+D+i? Lo primero es algo en lo que insiste varias veces a lo largo de su texto: evitar interferir positivamente en el proceso de mercado o en el proceso de exploración científica, limitándose a reformar sus propias leyes que dificultan y obstaculizan la investigación científica.
Y, en segundo lugar, introduce la política fiscal como palanca de acción, fundamentalmente a través de la eliminación de subsidios y subvenciones y de su sustitución por reducciones de impuestos, tanto a particulares como empresas y en forma de créditos fiscales, gastos deducibles o directamente reduciendo o eliminando impuestos. Sin duda, éste último mecanismo me parece personalmente más eficiente, en tanto una reducción general simplifica los procedimientos, reduce el fraude y por lo tanto los costes de su control, y deja que sea el propio mercado el que incentive la I+D+i allí donde sea más necesaria. Porque siendo coherentes con el principio que enuncia Rothbard de que “every firm must stand on its own voluntarily-raised resources”, no deberían tomarse decisiones de inversión en I+D+i (y en ningún otro concepto) que no fueran rentables si el gobierno dejara de conceder subsidios o desgravaciones fiscales.
Nota sobre el título: Versión modificada del proverbio “si un ciego guía a otro ciego, los dos caen el el agujero” para que diga “si un ciego guía al que ve, los dos caen al agujero”. Se trata un particular homenaje a Juan de Mariana, que en su obra con el título “Discurso de las enfermedades de la Compañía” desarrolla, como dice Huerta de Soto, la intuición de que es imposible dotar de un contenido coordinador a los mandatos que proceden del gobernante, y ello porque éste no puede hacerse con la información necesaria: “es loco el poder y mando… Roma está lejos, el General no conoce las personas, ni los hechos, a lo menos, con todas las circunstancias que tienen, de que pende el acierto. Forzoso es se caiga en yerros muchos, y graves, y por ellos se disguste la gente, y menosprecie gobierno tan ciego… que es gran desatino que el ciego quiera guiar al que ve“. He querido poner este título en alusión al argumento de que el estado no dispone del conocimiento para “ordenar” la investigación científica o, lo que es lo mismo, asignar los recursos necesarios allí donde más beneficio se vaya a obtener.
III (post scriptum)
Publicado el 16/9/2009 por Antonio España – blog | 18 comentarios »blog, personal, tercer aniversario
Tal día como hoy hace tres años, escribí mi primera entrada en este blog. En esta ocasión, soy puntual y lo celebro el mismo día que corresponde, algo que no conseguí ni el primer año ni el segundo.
Lo habitual en este tipo de entradas es hacer balance del último año de blog y comentar los cambios y novedades, repasar cómo han evolucionado las estadísticas, resumir los temas tratados, e incluso añadir alguna referencia de índole más personal. También es frecuente comentar los altibajos en el ritmo de publicación, recordar aquellos momentos de bloqueo que te tuvieron muchas semanas sin escribir o los picos de trabajo que no te dejaban tiempo para publicar.
Todo esto lo he hecho, aunque de manera introspectivamente este año, pues lo que me gustaría hacer es dejar en esta ocasión el balance a quienes generosamente prestáis parte de vuestro más preciado bien, que es vuestro tiempo, a leer y comentar lo que yo pueda contar aquí. Así que voy a abusar un poquito más de esa generosidad y os voy a pedir a que me ayudéis contestando a cuatro preguntas muy fáciles que os dejo a continuación.
Si además queréis dejar un comentario elaborando un poco más vuestra respuesta a las cuatro preguntas o cualquier cosa que queráis opinar sobre el blog, los temas tratados, sugerencias de mejora, etc. pues tendréis a este humilde blogger más contento que unas pascuas
Como contrapartida, me comprometo a preparar una entrada más elaborada con los resultados, para que nadie piense que uso el viejo truco para que me deis el post hecho
Os dejo ya con las preguntas:
[Encuesta cerrada]
Y, finalmente, daros un año más las gracias a todos los que estáis ahí !!!
——— ACTUALIZACIÓN ———
Tras haber dejado pasar un tiempo prudencial de una semana, es hora ya de cerrar la encuesta conmemorativa del tercer aniversario y plasmar aquí las conclusiones que había prometido.
Finalmente, han sido 12 personas las que han respondido las preguntas. No es que se pueda considerar una avalancha, pero es lo que tiene ser un blogger de nicho. Te colocas al final de la larga cola y eso es lo que hay. Pero que nadie lo interprete como un lamento, estoy feliz con mis 12 respuestas
En cuanto a los resultados, son los que se muestran a continuación:

Realmente, no hay muchas sorpresas, y aunque cometí un error de diseño al utilizar votaciones independientes (polls) en vez de una encuesta propiamente dicha (survey) que me hubiera permitido correlacionar unas respuestas con otras, creo que hay aspectos evidentes, como que quienes me conocen del mundo llamado 2.0 utilizan un lector RSS, mientras que quienes me conocen personal se decantan más por el Facebook o por ir mirando la web directamente.
Se confirma además la intuición de que Facebook es un medio alternativo de difusión de las actualizaciones tipo push, lo cual hace accesible una audiencia no habituada a las herramientas básicas del mundo de los blogs como los lectores de feeds -ya, ya sé que no estoy descubriendo la pólvora, pero para mí ha sido un descubrimiento. Esto, he de decir, que lo había ya notado en las estadísticas de este sitio.
Por otro lado, es llamativo que Twitter no sea un canal de notificación y acceso a los contenidos del blog, pese a que todos los que allí estamos y que tenemos un blog nos seguimos empeñando en tuitearlo cada vez que publicamos algo -aunque si lo hacemos para decir que estamos esperando en una cola, más motivo aún para decir que hemos subido una entrada, ¿no? También es cierto que las opciones eran excluyentes en el sistema de votación, pero no lo son en la vida real.
Respecto a la procedencia de los lectores, me llama la atención -y en cierto modo me pica, confieso- que la opción de mis compañeros de la carrera haya quedado a cero. Aunque me consuelo pensando que es un colectivo relativamente poco afín a los contenidos habituales de este blog.
En lo que tiene que ver con la preferencia sobre los temas, vuelvo a decir lo que indicaba en los comentarios: no me ayudáis nada
Yo que estaba pensando en darle una orientación temática más en uno u otro sentido y me he quedado igual … pues nada, nada, seguiré escribiendo de lo que me dé la gana
Y, finalmente el latín. Tenía verdadera curiosidad por ver las respuestas a esta pregunta, pues no tenía ni idea de lo que podía salir. Hombre, si hubiera recibido más respuestas negativas me hubiera frustrado un poco, la verdad, pero con este resultado me siento legitimado para seguir titulando en la lengua clásica aunque sea totalmente contraproducente para el SEO y resulte confuso. Respecto a esto segundo pensaré alguna manera de mantener esta seña de identidad de este blog y que, al mismo tiempo, pueda ayudar a anticipar al sufrido lector el contenido de la entrada -¿subtitulando quizás?
Y nada más. Volver a daros las gracias a todos los que pasáis por aquí y, en esta ocasión, de manera muy especial a quienes os habéis tomado la molestia de contestar la encuesta y dejar un comentario. Y como dije el año pasado y el anterior…
Sois pocos, pero me siento muy orgulloso de la calidad de los que pasáis por aquí y multiplicáis por varios enteros el valor de mis entradas con vuestra generosidad al comentar. No pondré todos los enlaces aquí, pero sabed que para mí es todo un lujo contar con bloggers de vuestra talla entre los lectores de este mi blog.
¡Muchas gracias a todos!
Valete amici!
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Dominus dedit, Dominus abstulit…, sit nomen Domini benedictum
Publicado el 13/9/2009 por Antonio España – libertad | 5 comentarios »David Ricardo, economía, fiscalidad, Impuesto de Sociedades, impuestos, IRPF, IVA
Mientras preparaba la hoja Excel para ilustrar la entrada anterior sobre la fiscalidad de las SICAVs, como efecto colateral y no buscado surgió otro modelo que es el que comparto hoy en este blog. Pero antes un aviso: esta entrada puede herir la sensibilidad de todo aquel que crea en un estado pequeño pero suficiente, dedicado únicamente a proteger la esfera de libertad personal de sus ciudadanos y que no se entrometa en el ámbito privado de las personas, que respete y proteja la propiedad privada (no ya, la expropie y se adueñe de ellas), imponga y asegure el cumplimiento de los contratos y, en definitiva, haga que las personas seamos responsables de las consecuencias de nuestros propios actos, interviniendo con carácter excepcional en casos de extrema necesidad y de dependencia.
He creído conveniente hacer esta advertencia porque este es mi caso y los números que muestro en este artículo, no por menos intuidos, dejan de resultarme menos abrumadores y descorazonadores. Por el contrario, también hay que decir, que le sabrá a poco y aún querría que fuera más, a aquel lector que sea de la opinión que la función del estado es la de proporcionar la felicidad de sus ciudadanos, colmándoles de todos los bienes materiales que estos necesiten para que puedan dedicarse a realizar sus deseos y hallar así respuesta a sus inquietudes sensoriales, sin tener que preocuparse de minucias como esforzarse para mantener y mejorar en su trabajo, proveerse para un futuro en el que las fuerzas ya no estén para lo primero, ahorrar para hacer frente a imprevistos (pérdida de trabajo, enfermedades, accidentes, etc.), reservar una parte de los ingresos para darle la mejor educación a sus hijos, o preocuparse de su salud y la de los suyos, contratando un plan médico a la medida de sus necesidades y llevando una vida saludable (p. ej. evitar el tabaco sin necesidad de que un estado paternalista se encargue, mediante regulaciones y prohibiciones, de mantenerle alejado de ese fatal vicio).
Después de esta larga introducción, es hora ya de plantear el tema de la entrada, tras la cual me comprometo a extenderme poco, dado que los números en este caso hablan por sí solos. Básicamente, he realizado un experimento mental para intentar determinar a manos de quién van a parar cada uno de los euros que salen de nuestros bolsillos cuando realizamos el acto más democrático y libre que existe: consumir.
Pues bien, para simplificar el ejercicio, no tenemos más remedio que hacer algunas simplificaciones. A tal fin, supondremos una empresa que provee un producto o un servicio al mercado y realiza unas ventas de 100,000 euros, considerando que en esta cifra de ventas el IVA está incluido. Esta empresa, es muy especial, dado que únicamente tiene un accionista (capitalista) y un trabajador y para operar sólo necesita pagar un alquiler a un tercero, que llamaremos terrateniente, utilizando la división de roles de la Economía Clásica que popularizó David Ricardo -pese a que la Economía moderna, y en especial la teoría marginalista, superó con las enseñanzas de Carl Menger la diferenciación de la renta de la tierra, considerándola un factor de producción más, para este ejemplo nos es práctico mantener la distinción).
De este modo, esta empresa presentaría una cuenta de resultados parecida a ésta:

Con estas cifras, obtendremos los economics (palabro que nos gusta mucho a los consultores) de cada uno de los agentes según la distinción de roles ricardiana:

Ya mosquea de por sí que de los 30,000 euros que le cuesta a la empresa el trabajador -y que según Mises, debería considerarse todo ello el salario, lo perciba o no el empleado-, al bolsillo de éste no le lleguen más que 16,200, un poco más de la mitad (luego algunos dirán que los empresarios son los explotadores). Pero no es esto de lo que quería hablar hoy, dado que ya he mencionado en otra ocasión sobre el mejor uso que se le puede dar a esas cotizaciones en beneficio de los trabajadores.
Sobre lo que quiero llamar la atención es sobre el resultado de sumar las casillas correspondientes al estado, cuarto agente olvidado por Ricardo, si bien es cierto que en tiempos del economista clásico aquél no se había convertido ni mucho menos en el ogro filantrópico que es hoy, según lo denominó Octavio Paz. En efecto, no hay más que echar una mirada al siguiente cuadrito para que a uno se le caiga el alma a los pies:

¡¡¡ Un 45,5% de todas las rentas queda confiscada por el estado !!! ¿¿¿ Y dicen que el capitalismo es salvaje ??? Me pregunto quién es el caníbal aquí …
Y eso además sin contar con impuestos y tasas de otras burocracias de menor orden (licencias, impuestos sobre bienes inmuebles, sobre vehículos de tracción mecánica, impuestos indirectos especiales sobre los hidrocarburos, el impuesto especial eléctrico, actos jurídicos, transmisiones patrimoniales, y un laaaaaargo etcétera.
Pero todavía a algunos les parece que no son suficientes y que deberían subir un poquito más… Como es el caso de cierto actor tocayo y paisano mío, que en la contraportada del Mundo de este sábado (por el 12 de septiembre de 2009) clamaba sin sonrojarse que “quiere que suban los impuestos”. Toma claro, y si yo viviera de las subvenciones también querría que subieran los impuestos. Cuanto más mejor: el dinero de los demás nunca es suficiente. Quiero aclarar que este actor malagueño y llamado Antonio NO es Antonio Banderas, por el que siento respeto, admiración y gran simpatía pese a que piense distinto que yo. Este es otro actor malagueño llamado Antonio que parece pertenecer a esa generación de comediantes españoles, que no son sino un lobby más de buscadores de rentas que SÍ parecen necesitar de las subvenciones para poder ganarse la vida en su oficio (al contrario que el otro Antonio).
Claro que mientras haya gobernantes que vivan en la ilusión de que de una crisis se puede salir simplemente sacando más dinero de dónde cada vez hay menos -por los bolsillos de los ciudadanos- lo tendremos crudo.
Porque -y con esto termino- tratar de resolver una crisis subiendo impuestos -y no tocando o incrementando el gasto- es como intentar resolver la sequía de un país simplemente cambiando el agua de pantano -poniéndolo en pantanos menos eficientes, con más pérdidas y con mermas por evaporación del agua en los trasvases. ¿No será que es mejor, reducir el consumo de agua y, por otro lado, ahorrar para crear nuevos embalses?
Nota sobre el título: Frase tomada de la Vulgata del libro de Job (Job 1, 21) que profirió al perder todas sus riquezas: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea su santo nombre” en la que, sin pretender asimilar el estado a Dios, eso se lo dejo a los estatólatras de toda laya, deberíamos alterar el orden para que esté en línea con el contexto de la entrada. Debería decir pues “Dominus abstulit, Dominus dedit…”, el Señor me lo quitó, el Señor me lo dio. Así es cronológicamente más correcto entendido en forma de impuestos y posterior redistribución. También podríamos ser menos irreverentes y cambiar “Dominus” por el equivalente a “Estado”. Lamentablemente, el concepto de estado es moderno y no existía en la cultura clásica, por lo que no hay una palabra latina para designarlo. Una aproximación sería utilizar “Polis” o “Republica”.
Nota sobre la imagen: No creo que haga falta recordar que se trata de “Saturno comiéndose a sus hijos” de Goya, expuesto en el Museo del Prado. Quizás sea una imagen un poco excesiva para ilustrar el artículo, pero de indudable impacto dramático y, a fin de cuentas, es lo que terminará haciendo el estado con nosotros si seguimos caminando por el camino de servidumbre sobre el que nos alertara Hayek. En cualquier caso, es cierto que quizás podría haber puesto una imagen de Shrek para representar el ogro filantrópico y amable de Octavio Paz que he mencionado en el post.
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